sábado, 31 de diciembre de 2016

Luces de navidad

Hubo un momento en estos pasados días prenavideños en que me sentí solo, realmente solo. Mis padres han decidido que sólo quieren pasar las navidades con mi hermana así que habían partido a Mazatlán y allá pasarían la noche buena. A Gil le tocaba pasar su primer semana de vacaciones con su mamá y Tamara tampoco estaba.

No estaban ellos, pero estaba Chave, estaba Viole y estaba Polo, siempre con una sonrisa dispuesta y una actitud tan cariñosa que me aprieta el corazón. Me invitaron a comer con ellos el 23, a cenar el 24 y a pasar unos días en Ixtapan de la Sal los días posteriores. 

Con ellos siempre paso un buen tiempo, siempre disfruto cada minuto entre risas y "malas palabras". Siempre soy feliz siendo quien soy, y sintiéndome querido por ello.

Quería agradecerles su cariño en el brindis del 24 pero no pude. Las lágrimas y los sentimientos no me iban a dejar decir nada audible, pero las lágrimas también hablan. 

Mi querida gente evaporó la soledad y la tristeza y la transformó en amor. Amor en todas sus formas. Son algunas de las personas que más quiero.


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miércoles, 28 de diciembre de 2016

Ah que tiempos aquellos



En muchas personas de mi generación se manifiesta una estupidez inmensa impresa en una supuesta nostalgia tonta por los maravillosos tiempos pasados, esos tiempos cuando éramos niños, no había tanta tecnología y todo era felicidad. Días sin smartphones (me sigue cagando el término) ni tabletas, donde los juegos eran colectivos no individuales.

La cosa es que todos esos juegos que hacíamos o teníamos o jugábamos todavía existen, en algún rincón de casa, en una tienda empolvándose o en la memoria de los que los jugamos divertidos.

Porque si nuestros juegos eran tan maravillosos, en vez de andar lamentando estupideces, hay que enseñarlos a nuestros hijos, jugar con ellos y descubrir maravillados como esos sencillos juegos no han caducado. No pueden caducar porque guardan en ellos un encanto mágico que los hará olvidar que tienen un celular lleno de notificaciones y chistes pendejos.

Porque a mi parecer, los que no pueden soltar el puto teléfono celular para dedicar el 100% de su atención a sus hijos son los padres, pero siempre es más fácil echarle la culpa a la tecnología y añorar esos hermosos años cuando todos “éramos” felices. Y seguirle dando la tableta al niño para que no dé lata.


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lunes, 19 de diciembre de 2016

Del cuerpo



Hace ya varios años que mis padres compraron un pedacito de tierra en el panteón del pueblo para que ahí los enterremos el día que mueran, porque, al menos mi madre, ha sido muy enérgica en dejar claro que quiere ser sepultada, como dios manda. Pienso que a mi padre le da igual lo que se haga, pero como en casi todas las decisiones de su vida, se complica menos si le da la razón en lo que ella decida.

Hace menos años, les recordé que ellos nunca nos enseñaron ni a mis hermanos ni a mí a ir al panteón y que nunca hemos ido con ellos, por lo que me parecía algo ilógico que quisieran ser enterrados en ese lugar si seguramente nunca los visitaríamos como ellos nunca visitan a sus padres. Mi madre siempre ha argumentado que las cosas se deben dar en vida, por eso no le ve sentido a llevar flores al cementerio. Yo he ido al panteón con mis tías paternas o cuando voy al sepelio de alguien, pero nada más.

Por otra parte, creo firmemente que una vez que morimos nuestro cuerpo no tiene ya ninguna utilidad. El alma, o pena por ahí o ya está en el lugar en donde esperará volver a habitar otro cuerpo. Es la luz que no puede hacer ya nada en un foco roto.

Así que si el cuerpo fue enterrado para desintegrarse poco a poco o si fue reducido a cenizas no importa ya, es el envase vacío que tiramos porque ya no sirve para nada. Por tanto, me parece absurdo que la gente conserve las cenizas del cuerpo de alguien y diga que ahí está la persona, pero también lo es ir a ver un cuerpo carcomido o un esqueleto en un cementerio.

Pero el extremo de esta noción de la inservible idea de conservar un cuerpo humano inanimado, lo acabo de ver en Captain Fantastic. Una idea tan radical como coherente. Claro, coherente para alguien que piense como yo a este respecto. Finalmente, cada uno hace con su culo un papalote.


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jueves, 15 de diciembre de 2016

escribiendo celos


“Si tus celos piensan que no hay aventura que se me resista, que hasta a veces quisiera parecerme al tipo que tú crees que soy”

–Cuántas putas veces quieres que te diga que no. Que ese relato no es sobre nadie.

Ya no respondió. Un alivio, porque yo ya estaba entrando a la zona en la que sólo salen gritos de mi boca y ya no mido mis palabras. Bueno, cuando las consecuencias de no medirlas pueden ser nefastas, porque no se me da mucho eso de andarlas midiendo. Pero me seguía mirando con odio, con los ojos inyectados del odio de la traición y la mentira. Proyectando en su mente las imágenes evocadas por mi perturbada imaginación.

Se supone que ella es de cierta manera culta. Que lee al menos. Que no lee mierda, lee libros decentes, algunos grandiosos. Y yo no seré escritor pero escribo, y escribir es fabular, al menos en algunas partes, muchas en ciertos casos. Generalmente mezclamos dosis desbalanceadas de ficción y realidad que se van amalgamando sin recibir órdenes. Los hechos inventados y la información existente salen por nuestros dedos ya enlazados, ya hechos. Lo que uno luego edita son las formas, estos nuevos hechos que estamos creando no cambian, son parte de nuestra realidad de fabuladores.

El asunto es que publiqué un relato en mi blog sobre una fortuita infidelidad con alta dosis fetichista en su contenido. Dejé volar mi pervertidísima imaginación en lo que mis dedos teclearon, sin pensar en quedar bien con nadie más que con el relato mismo, como debe ser. Narré el depravado encuentro entre un pervertido fetichista con una adúltera complaciente como pude haber contado la historia de amor de una anciana y su perro, aunque para esta última historia habría tenido que exprimir mucho más mi imaginación debido al tema.

Ya le di más de dos vueltas a todas las explicaciones posibles que encuentro en mi cabeza para hacerle entender que muchas cosas de las que he escrito son sólo inventos míos. Que no porque haya escrito sobre algo significa que lo he hecho. Que me gusta escribir en primera persona y tampoco tiene algo que ver. Pero sus oídos son más sordos que los de su abuela.

Menos mal que no se me ocurrió escribir un relato homosexual. Al parecer una mujer es mucho más humillada si la traicionan con otro hombre. Menos mal.



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martes, 13 de diciembre de 2016

el genial chiste...


Pienso que todos tenemos un chiste, una anécdota, una rutina que creemos increíblemente graciosa y que por tanto repetimos tantas veces como nos es posible. Cualquier escenario nos parece propicio para hacer brotar sonrisas en los más serios y carcajadas en los más efusivos, o hipócritas, pudiera ser; o eso es lo que creemos, con más convicción que la que le tenemos a las bendiciones del universo.

Es eso que le escuchamos a alguien más y nos pareció genial, dejándolo tal como lo oímos o poniéndole de nuestra cosecha, o eso otro que creamos nosotros, en aquel chispazo de inspiración; nos hace sentir tan ingeniosos, que sería una grosería no compartir la grandiosa puntada con los que nos rodean. Hacerles el día, como dicen tanto ahora.

Y vivimos pensando que al menos tenemos ese momento de gloria cuando aparece nuestro fantástico número. Hasta que alguien ya cansado de volver a escuchar la misma estupidez nos dice que ya la ha escuchado demasiado, o la termina de contar él, con hartazgo en su entonación, o hasta tiene la osadía de reprocharnos que esa mierda absurda que tanto hemos repetido ni siquiera es chistosa, que ya la dejemos de una buena vez, porque ya tenemos hartos a todos.

Y no queda otra que buscar otra broma, no podemos renunciar a esa pequeña gloria.



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viernes, 9 de diciembre de 2016

Hasta que te conocí


Pocas semanas antes de que muriera Juan Gabriel, estando en casa de mi tía Lupita, bromeando le dije a los niños que pusiéramos unas canciones de Juanga, a lo que reprocharon: sáquese que. Una semana antes habíamos escuchado canciones rancheras suyas mientras jugábamos a las damas chinas. Además de las canciones, debieron soportar nuestras aguardientosas interpretaciones de esas sentidas melodías, sobretodo en los coros más populares.

Luego de recibir su rotunda negativa les dije: ya los veré después chamacos, cantando al Juanga por una traicionera o por una desinteresada chiquilla. Prácticamente me respondieron que estaba loco y que eso no iba a pasar. Pero esa infantil negativa es tan parecida a la que casi todos vivimos cuando nos dieron a probar cerveza, siendo aún chicos para encontrarle un rico sabor a la popular bebida de cebada.

Días después murió mi admirado Juan Gabriel y México y el mundo lloraron su muerte y llenaron todos los espacios con su persona y su obra: con sus canciones, sus recuerdos, anécdotas y más. Fue el tema varias semanas para pesar de todos los que lo despreciaban.

Supongo que la marea juangabrielesca aunada a toda la devoción que tengo por sus canciones se conjugó para que naciera en Gil también admiración por las canciones que escribiera el hijo predilecto de Ciudad Juárez. Ahora Gil me sorprende cantando estribillos que conocí cuando tenía su edad, germinando su gusto por esas emotivas canciones que a tantos nos significan.

Le dije el otro día que quería escuchar canciones de José José, mi otro gran intérprete favorito, y me reprochó que mejor pusiera a Juan Gabriel porque José José sólo cantaba y Juanga había escrito las canciones. Ah que niño exigente.

Y bueno, en el festejo de mi tía Lupita, ya entrada la noche, Gil y Joshua cantaron por voluntad propia Hasta que te conocí. Nuevos fans para el gran divo. 



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