domingo, 30 de octubre de 2016

El mexicano y la muerte



Creo que eso de que los mexicanos no le tenemos miedo a la muerte es una de las grandes mentiras que nos han contado o que repetimos para sentiros la gran cosa, como esa otra de que los mexicanos somos bien ingeniosos. No creo que más que cualquier otra persona de cualquier otro país.

Al menos hablo de lo que veo, de lo que he visto. Y veo que la gran mayoría de la gente le tiene un miedo inmenso a morir.

Eso de que nos burlamos de la muerte también lo considero una mentira. No nos burlamos. Si acaso, en los festejos de noviembre, nos hermanamos con ella y hacemos bromas a sus costillas. La invitamos como una amiga incómoda con la que hay que tratar de convivir.

En más de una charla de sobremesa ha salido por casualidad el tema de qué es lo que uno quiere que hagan con su cuerpo cuando deje de existir (antes de que el papá deseara lucrar más con las cenizas). No hay mucho hacia donde hacerse, ser cremado o sepultado, los funerales vikingos o a la Game of thrones están prohibidos (ya lo investigamos). Y en medio de los deseos fúnebres, nunca falta al menos una persona que pida que se cambie de tema o que argumente que esos no son temas para tratar ahí, en ese ahora.

No sé cómo se haya comenzado con la costumbre de escribir calaveras, de matar literariamente a alguien. Pero pienso que es sólo una costumbre que repetimos, porque nos la pidieron en la escuela, porque están en el periódico sobre políticos y artistas o porque vimos la propaganda de un concurso. A mí me encantan.

Muy poca gente ve a la muerte como parte de un proceso que ya iniciamos. Yo veo en la gran mayoría un temor enorme a la muerte.

Pero pues con eso de que los mexicanos somos re bien chingones, la muerte nos hace los mandados. Ja.

jueves, 27 de octubre de 2016

¿Cómo pedir Ni una menos?


Cómo pedir Ni una menos, si el entorno parece exigirnos otra más.


Cómo cambiar la realidad, si no cambia la cultura netamente machista en la que estamos sumidos, cubiertos. Esa que nos permite todo a los hombres y etiqueta de puta a cualquier mujer por cualquier cosa.

Cómo escuchar al feminismo cuando otras tantas mujeres son felices trabajando literalmente como objetos sexuales, con faldas casi inexistentes y escotes demasiado amplios. ¿En serio vende más un negocio que exhibe dos chicas como propaganda?

Cómo, cuando hay tantas mujeres buscando un piropo y ser el centro de la atención/excitación de los más hombres posibles. Si hay tantos perfiles virtuales donde se exhiben tetas grandes y caderas amplias, como pan al hambriento.


Cómo, si en el canal de televisión más visto de este país una tipa atascada de operaciones estéticas, semidesnuda, agradece los silbidos, piropos, manoseos y demás. Si se muestra como objeto sexual y además parece gustarle.

Cómo, si en la mayoría de los espacios de medios de comunicación la mujer es un florero que adorna la pantalla. El requisito no es que la chica sepa de deportes o de clima, es que esté guapa y buenota, y que no tenga problema con enseñar siempre, siempre, siempre.

La voz que pide que cese completamente la violencia contra las mujeres no sólo proviene de México, viene de toda Latinoamérica y de España. Y no sé de qué otras latitudes. No son casos aislados, no es cuestión de un lugar determinado, de una cultura podrida, es la sociedad global la que se está pudriendo.

En todas las sociedades se ha estimulado y excitado a los cerdos, que desean saciar el apetito provocado a como dé lugar. Sin importarles si las mujeres quieren o no.

La cosa es que en todos lados están muriendo nuestras mujeres.

Y un poquito antes de publicar me encuentro este video:

lunes, 24 de octubre de 2016

Los sonidos del Silencio



“El silencio absoluto es la muerte”.

Al terminar de escribir esas últimas letras se quedó mirando fijamente la hoja sobre la que las había escrito, releyendo cada palabra sobre el papel. Estaba satisfecho. De no haberlo estado hubiera tenido que enmendar las incorrecciones y transcribir a otra hoja todo aquel discurso sobre el silencio. Dejó el bolígrafo sobre la mesa y fue a la cocina por un vaso de agua. Lo sorbió despacio mientras daba pequeños pasos mirando por la ventana. Se acercó a ella y contempló la ciudad. Aunque muchos decían que tenía una vista espectacular desde lo alto de su apartamento para él sólo era una acumulación de casas y edificios, no veía lo grandioso que muchos otros decían admirar. “Si acaso es lindo cuando hay un buen contraste nublado” dijo en voz alta, un poco antes de tomar lo que quedaba del agua.

Dejó el vaso sobre la mesa. Ahí junto estaba la pistola de su padre y las balas correspondientes. Abrió el revolver e insertó las balas. Volvió a mirar por la ventana y levantando el brazo se disparó en la sien. Cayó desplomado soltando el arma.

Una vez que su cuerpo estaba en el suelo y que la sangre se desparramaba por su cabeza ensuciando el gastado parqué se miró ahí tirado. Pudo ver su expresión de gesto raro con la que lo encontraría quien fuera que lo descubriera muerto. ¿Sería Manuel el portero? Quizá. Los revólveres son ruidosos y los vecinos chismosos, no tardarán mucho en verme ahí tirado.

En medio de estas cavilaciones se dio cuenta que nada había cambiado en el aspecto auditivo. Podía escuchar todos los ruidos que venían de la calle y también el constante clac clac clac de las manecillas de ese incansable reloj. Incluso creyó escuchar el rechinar de la madera cuando cambió el peso de su cuerpo de un pie al otro.

“Mierda”, masculló molesto. Al menos ahora tenía la certeza de que el silencio nunca llega, “como Cristo”, pensó irónico. Ahora sólo le restaba comprobar si eso también aplicaba para él y si podría asustar a la gente con sus ruidos en su nueva condición de fantasma suicida.

jueves, 20 de octubre de 2016

Jodida realidad


Muchos clamamos: Ni una menos.
Lo pedimos desde dentro, desde el alma, desde el no querer vivir la desgracia que otros han vivido de saber que a esa mujer tan cercana a ti la han violado. Y si nos sentimos tan mal de sólo saberlo, imagina cómo se sienten ellas que lo han vivido. Pero al menos ellas siguen vivas, y ellas, lo sabemos bien, son fuertes. Otras, a pesar de esa fortaleza están bajo tierra, con una lápida de recuerdo si sus familias han tenido la “fortuna” de haber encontrado el cuerpo. Porque hay tantos padres que lloran y buscan a una hija que no aparece, tantos hermanos que buscan a esa hermana que en momentos de flaqueza ya creen muerta, tantos abuelos que rezan para poder ver una vez más a esa chica que alguna vez se sentó en sus piernas y los escuchó atentamente acariciando su cara, mientras les decía cuánto los quería.



miércoles, 19 de octubre de 2016

Pasión por las letras.



Fui a ver ayer “Pasión por las letras” (Genius), me atrajo demasiado el tráiler el día que lo vi antes de ver otra película. Es una cinta sobre la intensa relación entre Thomas Wolfe y su editor Max Perkins. Una película que creo debe ver todo al que le gusta escribir.

La genialidad de Wolfe encausada por Perkins, en un mundo donde no cabe otra cosa que su pasión. Sus familias deben resignarse a tomar las migajas que queden de los días y del tiempo que transcurre una vez que se han juntado estos espíritus afines. Que de haber sido personas esforzadas por formar familias felices no tendrían la exaltación necesaria para no poder pensar en otra cosa más que en eso: su pasión (la escritura y la edición). Una pasión que no conoce otra cosa y que no entiende las razones que a todos los demás les parecerán tan obvias para dejar de hacer eso que aman tan sólo unas cuantas horas.

La película tiene demasiadas líneas para transcribir. Muchas ideas para pensar y repensar el oficio de escribir, así sólo sea aficionadamente. Por qué se escribe, para qué se escribe, cómo se escribe. Qué hace a un escritor. La figura del editor. El ego y la vanidad. Y otras cuantas más.


Debo verla otra vez con bolígrafo en mano. Con una copia pirata sería ideal para poder pausarla para  escribir.