martes, 20 de septiembre de 2016

la historia de un fracaso



Escuché una historia sobre una aspirante a bailarina que pidió una audición a un gran artista cuando éste se encontraba de visita en su ciudad, para que le dijera si es que tenía facultades para la danza. Después de que presentó un pequeña rutina en la que mostró todas sus habilidades, el artista le dijo sin más que no servía para bailar. Por esta razón, la chica se frustró y no volvió a intentar bailar jamás en su vida, enterrando todos los sueños que tenía para el futuro.

Muchos años después, cuando la chica tenía casi cuarenta años, regresó al pueblo aquel artista que le destrozó los sueños; y ella, viendo la oportunidad, se armó de valor y lo encaró diciéndole que gracias a él, había dejado la danza para siempre.

El hombre la miró perplejo, y con toda la calma de que era capaz, le dijo que él siempre decía lo mismo a todos los que se acercaban a preguntarle eso, sin importar el talento que le mostraran. Pero si de verdad querían bailar, lo iban a hacer a pesar de lo que él dijera, cumplirían su anhelo contra cualquier adversidad.

La mujer se retiró completamente triste. Frustrada y molesta, pensando en todo lo que pudo haber hecho si ese hombre no le hubiera dicho aquello. Contemplando afligida los hubieras más bellos, que se habían extinguido ya.

La historia, es claro, va sobre el luchar contra todo con tal de alcanzar aquello que deseamos, sin importar que el mayor experto nos diga lo contrario. Sobre seguir los sueños a pesar de todo. Y toda esa mierda motivacional.

Hay gente terca, decidida y necia (como mi madre), que va en pos de un objetivo y no se detiene por nada. Generalmente personas con temperamento colérico. Pero también estamos otros que no somos así, que somos lo contrario. Personas que se desaniman a la menor provocación, que se deprimen, que ven todo en tonos grises, con la cabeza llena de peros. Personas de temperamento flemático o melancólico. Personas como la chica de la historia.

Qué diferente habría sido esa fábula si el afamado artista hubiera sido sincero, o si hubiera sido alguien que motiva en vez de alguien que reta y que se quiere hacer el listillo. Qué le costaba decirle, en caso de que así hubiera sido: “no eres tan buena como crees, pero si de verdad quieres hacerlo nunca te rindas. No dejes jamás de practicar y lo lograrás”.

Pero esa no es una historia dramática de libro de autoayuda. Y la chica le creyó al experto.

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