martes, 26 de enero de 2016

Escribamos viejas cosas nuevas


Alguna vez pensé –es una idea que cruzó mi mente varias veces– que qué sentido tendría escribir sobre alguna cosa, de algo sobre lo que ya han escrito cientos de personas, varias de ellas, con más destreza que tú: exponiendo el tema y diciendo las cosas mejor y más precisas. A veces diciendo lo que no pudiste por tu falta de pericia.

Leía el poema de Morgana con el que inaugura el número de la Revista Ultraversal sobre el mundo el demonio y lacarne, y termina con una frase que me dejó pensando y me animó a escribir esto: escribamos viejas cosas nuevas y estrenemos el alma. Soberbia frase.

Y es precisamente lo que hacemos los que escribimos. Sí, escribimos sobre eso que ya ha sido escrito infinidad de veces, pero son cosas nuevas nacidas de nuestra alma (estoy convencido de que de ahí me sale todo lo que tecleo). Creo sinceramente que nuestra alma se estrena al escribir regularmente.


También al leer cosas salidas del alma de otro. Y es fácil distinguirlas de entre la marea de trivialidades que hay en la red.

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