martes, 12 de enero de 2016

Dos tipos de mujeres...



Hay muchos hombres –no sabría qué porcentaje, pero una buena mayoría– que dividen a las mujeres en dos categorías: con las que te puedes –y debes– divertir, y con las que podrías –o deberías– casarte y tener hijos. Resumiendo, con la puta te diviertes y con la casta te casas.

Recuerdo que durante los meses posteriores a mi separación conyugal, en una reunión familiar, un primo hacía las más fervientes invitaciones a un retiro matrimonial; un retiro de esos en los que los matrimonios se arreglan gracias a la bendición divina. Como yo participaba en la conversación, me mencionó que también tenían disponibles retiros destinados a personas divorciadas –si bien yo aún no estaba divorciado–.

Le respondí que yo buscaba una mujer medio pervertida con la que fuera divertido estar, no una santurrona que había ido a buscar a su próximo marido a una reunión religiosa. Qué tal que ahí se hablaba de una prohibición de sexo oral o anal: ni lo mande dios, que mis técnicas de cunnilingus cada vez son mejores (encontré una posición para no padecer de dolor de cuello), presunción aparte. Y como dijera mi buen Gavrí, la verdad no es prepotente.

Bromas aparte, lo que me queda claro es que una mujer sigue valiendo socialmente en función de su sexualidad, en una relación inversamente proporcional a los hombres con los que ha estado. Tantos años después la reputación de una mujer sigue dependiendo de sus encuentros sexuales.

Pero como ya he dicho, debería estar prohibido casarse con una virgen.

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