lunes, 31 de agosto de 2015

del estilo II (las influencias)




Los nuevos artistas hablan de sus influencias, de las obras y personas que fueron pilares en la formación de su criterio y desarrollo artístico. Son citados nombres de artistas admirados, a veces, con los que existe –por imitación o proximidad– una semejanza o parecido entre las obras.

Me es más cercano el caso de algún cineasta, que ante la pregunta sobre sus influencias artísticas, cita a dos o tres consagrados, a veces, desconocidos para la mayoría (del underground).

Pienso que esta exaltación de ciertos autores reconociéndolos como raíces de la propia obra, responde más a un asunto de vanidad que a lo que realmente aportaron al trabajo del citado autor.

Lo que creo es que todo lo que hemos vivido, visto, escuchado, experimentado, sufrido, tiene que ver con lo que surge al momento en que creamos algo que sale de nuestro ser.

No sólo está la influencia de Almodóvar, por ejemplo, también está la de Manuel Zacarías. Estará Bergman, pero también Spieldberg.

La cosa es que si alguien preguntara las cosas que leí o vi de chico, quizá pensarían que bromeo si digo que vi películas de Capulina y la India María, y que leí algunos libros de Carlos Cuauhtémoc Sánchez. Pero así son las cosas. Y algo tendrán que ver con mis influencias. 




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jueves, 27 de agosto de 2015

Mujeres buscando...




Hace pocas semanas fui al cine a ver “La dama de oro” de Simon Curtis, con Helen Mirren y Ryan Reynolds, una buena película. Unos días después me quedé pensando que la historia estaba hermanada –al menos a mí así me lo parece– con “Philomena” de Stephen Frears, con Judi Dench y Steve Coogan. Una gran película.

Ambas historias fueron tomadas de la realidad, son protagonizadas por mujeres bastante maduras y representadas las dos por ganadoras del Oscar. La vida de dos mujeres que debieron sortear realidades muy adversas durante su juventud y que ya en el ocaso de sus vidas deben –tienen la necesidad– buscar algo que les perteneció, pero que les fue arrebatado de forma cruel.

Estas dos mujeres son acompañadas en su odisea por hombres más jóvenes, escépticos en un principio, con los que no tienen ningún parentesco; hombres que ven en ellas la oportunidad de obtener un beneficio personal. Pero el transcurso de los días y la convivencia forzada crea buenas mancuernas en ambos casos.

Son dos películas muy disfrutables, con grandes historias, lideradas por dos actrices grandiosas. 
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lunes, 24 de agosto de 2015

Sobre mi amigo Ildefonso Martínez



“¿Ni sé cómo te he añadido, ni cómo tu pensamiento he seguido? Pura necesidad, quizás de ser yo también leído, y aunque mi blog te parezca tan distinto a como tú piensas.....Creo que estamos sólo a centímetros de compartir lo mismo. He leído con detalle tus cosas y aunque bastante más mayor que tú, me siento bastante próximo a tu manera de pensar y me ha gustado mucho tu manera de expresar. Te iré siguiendo pero mi apoyo a lo que piensas ya lo tienes.”

Éste fue el primer contacto que tuve con Ildefonso Martínez, Alfonso para sus allegados. Desde estas primeras letras que compartimos –que él me compartió– se puede vislumbrar al hombre dadivoso y buena persona que era. Un recién jubilado que encontró en Google+ una ventana a cientos de personas con intereses afines a los suyos: escribientes, escritores y blogueros de cualquier parte donde se hablara castellano. Personas que disfrutaron de toda su gentileza y amabilidad; él compartía el trabajo de otros desinteresadamente.

Su blog, la mano que escribe sin tiempo (http://ammudarra.blogspot.com ) se fue transformando conforme escribía. Pasó de ser la bitácora de un nuevo jubilado, a ser un blog lleno de sabiduría y grandes reflexiones. Ildefonso encontró su voz al convivir con otros y creo que éramos muchos los que esperábamos ansiosos su nueva entrada semanal.

Podría contar muchas cosas más sobre mi amigo. Una persona a la que en poco tiempo llegué a tener un gran cariño. Sólo diré que lo extraño, que extraño sus palabras, su sinceridad, su amistad, y que en este blog ha quedado un hueco insustituible.

Lo último que publicó en su cuenta de Google+ es este comentario, me enorgullece mucho que haya sido para mí. Su despedida, sin permitirme responderle, más bien, sin conocer si recibió mi respuesta:

“Querido amigo Gilo, aunque hace días que leí este post, no tenía ánimo de comentarte. Esta noche, tampoco, y sin embargo lo hago, sacando ánimos de donde no los hay. Cuando pienso en la vida, en las personas que he conocido y en las que he intuido, siempre sales tú.........Nunca he conocido a Antonio Machado ni a Octavio Paz y cuando los leo.........no sé qué dicen pero me siento en paz con ellos. Eso me sucede contigo, me resultas sencillo, verídico, imperfecto, orgulloso, vital, íntimo, inteligente y muy cabrón, si me permites la expresión en términos coloquiales.....Y sin embargo tan cercano a mi manera de ver el mundo que te siento muy próximo en la distancia con tus entradas. En estos momentos, no en situación igual a la tuya, comparto tu misma angustia vital, tu tristeza y si me permites un gran abrazo amigo.....Te voy a recordar siempre”.


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miércoles, 19 de agosto de 2015

Apuntes sobre el escribir...



A algunas personas nos gusta escribir, como a otras les gusta jugar al futbol o a las cartas. Al que le gusta escribir escribe como puede (como dios le da a entender), con las herramientas que tiene y los conocimientos de los que dispone. Pero escribir no es como jugar al futbol o al basquetbol donde cuanto más se practica se adquieren más habilidades y destrezas; cuanto más se escribe no se aprende a escribir mejor, se continúa escribiendo con las mismas pifias e ignorancias si uno no es consciente de que las tiene, si nadie nos las hace ver.

Hasta aquí ningún problema. Cada quien hace de su culo un papalote si es lo que le apetece. El problema es que ciertas personas piensen que por tener la afición de escribir se es escritor, y así se autonombran: Escritores. Una cosa es que mi madre y mi abuela que no tienen ninguna idea de lo que es literatura, digan que mis versitos rimados son extraordinarios y que tengo alma de poeta, y otra muy distinta es que en verdad tengan algún valor literario.

Si me gusta la literatura y tengo una visión crítica, puedo darme cuenta de la enorme diferencia que existe entre mis versos y los que le leo a Sabines, o mis cuentos y los que le leo asombrado a Cortázar, a Borges o a Rulfo. Y esa misma visión crítica sería la que me impediría llamarme escritor, porque puedo darme cuenta que estoy a años luz de aquello que aprecio por sus virtudes literarias.

Si decido dar el paso de hacer públicos mis escritos (prosa o poesía) sé que podrán venir apreciaciones y críticas, porque estoy consciente de que soy un aficionado (si no lo fuera no estaría escribiendo un blog, se estarían publicando mis creaciones), también sé que hay críticas de buena o mala fe. Pero si sé en dónde estoy parado en términos literarios, no tendría que ofenderme si alguien me corrige algo que escribí mal o se me señala la forma de acentuar una palabra. Esa persona me está enseñando algo, me hace ver algo que yo hasta ese momento no veía.

Sólo algunos puntos que me dieron ganas de escribir. Aquí un texto de Gavrí Akhenazi al que me adhiero completamente:

La palabra a(r)mada - 11º


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viernes, 14 de agosto de 2015

dos años después...


Alguna vez –quizá con un libro de Cortázar entre las manos o tal vez embriagado de Bukowski–, habrá cruzado mi “ilusaestúpida” mente joven la idea de escribir un libro, habré deseado que de mis manos salieran palabras tan elocuentemente acomodadas como las de los libros que leía y admiraba. Un deseo ególatra, un deseo juvenil. Deseo común entre cierto grupo de individuos con aspiraciones de “intelectuales”, compartido públicamente incluso, por algunos, en una clase de una asignatura cualquiera.

En general sería todo al respecto. Realmente nunca anhelé ser escritor, si acaso esa ligerísima intención de escribir “un libro” alguna vez. Una mescolanza de admiración, fama y fortuna. Pero, ¿de dónde podría salir un libro?

El deseo de escribir lo que pienso sobre cualquier cosa me persiguió años después, y en rarísimas ocasiones me permití dejarme alcanzar y plasmar en letras eso que quería decir, con mayor o menor acierto. Proveerme de ese gusto personal.

El piropo de “qué bien escribes” peleado a muerte con mi bajísima autoestima, con su inmenso cartel en mayúsculas diciéndome, “no eres lo suficientemente bueno, quién querría leer algo escrito por ti, qué saben ellos de lo que es escribir bien, la gente se burlará de lo “mal” que escribes”, pasando mis días.

Escribí Me choca usar trajes un año antes de abrir el blog y Me gusta ir al cine un mes antes. La sugerencia u ocurrencia de Tamara llegó puntual, a decidirme, sometiendo mis inseguridades, poniéndolas a prueba al menos. De ahí, mi compromiso a publicar una vez a la semana: escribir sobre lo que fuera, pero escribir; sin parar, sin dejarlo, sin otro propósito que darme un placer, un placer personal del que desconocía todas las satisfacciones que me iba a regalar.

Hoy, dos años después de abrir lasletrasdelgilo he escrito un libro. Una historia que no sería posible si aquel día Tamara no me hubiera dicho –no sé a ciencia cierta con cuánta verdad– que debería escribir un blog. Si no me hubiera decidido a hacerlo, a decir lo que quería, a hacer algo que quería.

No lo tenía pensado hasta hace unos cuantos meses, cuando pensé, sobre qué podría escribir si pretendiera escribir sobre algo. “Escribir sobre lo que se sabe”, había leído por ahí en algún blog. Y no sé si lo que sé o creo saber tenga validez, pero es lo que tengo para decir. El libro es, una reflexión sobre la vida, sólo eso. Una reflexión desde mis ojos. Sobra decir que no anhelo no fama ni fortuna.

Pero a pesar de mi ligero optimismo, el pánico me poseyó cuando me decidí a enviárselo a Gavrí Akhenazi buscando una opinión objetiva (sé que mi amigo no se toca el corazón para decir lo que piensa, entre otras muchas cosas, lo admiro por eso) que me creciera alas o me hiciera caer, que me confirmara una certeza o me pusiera en el piso; alimentando o ahuyentando mi baja autoestima e inseguridad.

Y aquí estoy, con un texto bajo el brazo esperando vea la luz.
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lunes, 10 de agosto de 2015

Engañabobos: La teoría Pixar



Un “Easter egg” (huevo de pascua virtual) es cada uno de los guiños que los responsables de una película colocan dentro de ella por un asunto de mera diversión. Esconder algún elemento para que los fanáticos lo busquen dentro de la cinta.
Pixar, la gran fábrica de cine de animación, tiene una buena colección de éstos. Lo que se puede ver como homenajes a sus colegas (al final de Monsters Inc. en el cuarto de Boo, aparecen entre sus juguetes una Jessie y un hasta ese entonces desconocido Nemo (además de la conocidísima pelota de Luxo Jr, el primer corto de Pixar); la primera de una película de John Lasseter y el segundo de una de Andrew Stanton) o simples juegos que los responsables colocan en los cuadros de la película como un gesto para sus fans (para muestra todas las páginas de internet dedicadas a encontrar y mostrar los hallazgos). 





Ahora es conocido que la camioneta de Pizza Planeta aparece en casi todas las películas y que el número A-113 se muestra en muchísimas situaciones. Hasta aquí todo bien. Los creadores se entretienen un poco más al agregar un ingrediente divertido a sus creaciones.


Pero hace poco me enteré de que una persona ha creado toda una teoría a partir de los guiños de las cintas de Pixar. En sus locas elucubraciones todas las películas están relacionadas entre sí, motivo por el que se repiten ciertos guiños en varias películas.

He leído la teoría, y me parece una total estupidez. Un armado a la fuerza de situaciones que no cuadran, como cuando alguien se empeña en encajar una pieza de rompecabezas donde no debe ir. Un absurdo que busca las más tontas explicaciones para el incongruente hilado de fantásticas historias individuales.

Lo que más me sorprendió es la aceptación que dicha teoría tiene y toda la gente que cree en ella porque le parece lógica (qué es la lógica).



Los animadores de Pixar son discípulos de los estudios Disney, donde esta práctica ya era llevada a cabo desde hace muchísimos años. Y hacer caso a las atropelladas conjeturas de alguien con una descabellada imaginación, sería también buscar conexiones en historias que no las tienen.


 Ya he dicho que me parece un absurdo. Sería como si algún otro ocioso quisiera hacer un armado similar con las películas de Hitchcock, ya que le divertía aparecer entre los extras en todas sus películas.



Por último, dejo aquí dos enlaces con muchos de estos guiños, algunos son sorprendentes, otros extravagantes. A mí me sigue satisfaciendo más cuando descubro uno por mi cuenta, como esos dos del final de Monsters Inc.

30-pixar-easter-eggs-look-next-time

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