lunes, 23 de noviembre de 2015

Crónicas de Google+ (tercera parte)



Parece que estamos formando lo que podría convertirse en una gran amistad, nacida de una de las partes más lindas de la red: el intercambio entre blogueros. No sé cuánto sé de ti, pero sí todo lo que tú conoces sobre mi persona, todo lo que he expuesto y dicho sobre mí.

Valoro tanto las relaciones que se han tejido a cuatro manos –literalmente– con bastantes más personas de las que me hubiera podido imaginar, aquel día de fines de julio, cuando publiqué mi primer escrito.

Te valoro mucho amiga mía, pero debo rechazar la invitación que me haces a esta nueva “comunidad” que has decidido formar con otros amigos tuyos. Un grupo supuestamente basado en el apoyo al otro, que pide a quienes la integren, retribuir con un + cuando alguien te haya otorgado uno a ti y compartir al que te haya compartido.

Siendo sincero, he de decirte que no me parece un intercambio justo.

Cuando le presiono el botón + a alguien es porque me gustó lo que escribió. Cuando le hago un comentario es porque siento ganas de hacerlo, sea para alabarlo o criticarlo. Y cuando comparto algo, es también, porque sentí la necesidad de que otras personas lean esto que me ha gustado. Lo comparto porque quiero, sin tener que manifestarle al autor que ya lo he compartido, como si le estuviera restregando lo que hice, y esperara que él actúe de la misma manera.

Cuando algo me gusta, no espero que al otro le guste en automático lo que yo publico. Cuando leo a alguien lo hago por placer. Mi placer no lo obliga a pasar por mi espacio ni a que le gusten mis cosas.

Así que amiga, no estoy dispuesto a seguir a alguien sólo porque él me sigue. Ni a retribuir un + sólo porque alguien me lo haya obsequiado. Espero lo entiendas y espero podamos seguir compartiendo nuestras cosas.

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