viernes, 16 de octubre de 2015

Cosas de beisbol I



Esta iba a ser una entrada beisbolera, sí, de esas que aburren a mis pocos lectores; pero se convertirá en dos (quién sabe si tres), ya que se me han soltado los dedos a la hora de hablar de pelota caliente.

El beisbol –como bien señalan los comentaristas de ESPN– es el deporte que más emociones puede brindar durante el desarrollo de un partido, mucho más si se trata de un juego de postemporada. Un strike de vida puede ser suficiente para remontar 5 o más carreras; existen varias historias trágicas que demuestran que las desgracias beisboleras se escriben con 2 outs y 2 strikes.

Pocas cosas son más emocionantes que un duelo de pitcheo en una Serie Mundial (juego 7, en 1995).

No es difícil entenderlo si se tiene interés en hacerlo, simplemente tiene algunas reglas que le dan sabor al juego: como que si con dos strikes se toca la bola de foul, el bateador será out, o que si al poncharse el bateador, la pelota se le cae al cátcher, aquel puede correr a la primera base y en caso de llegar antes que el tiro del receptor, seguir con vida.

Tiene un principio sencillo: Pitcheo es el nombre del juego. Los lanzadores mandan. Si no que le pregunten a mis Atléticos sobre un tal Orel Hershiser, o a los Yankees sobre un joven regordete llamado Fernando Valenzuela, apodado “el toro” (1981), o sobre otro joven apellidado Beckett en el año 2003.

Aquí viene lo más interesante (quizá lo único).

Llegado el nuevo milenio tres equipos malditos cargaban cada uno con casi 100 años sin conseguir un campeonato (los dos equipos de Chicago: Medias Blancas y Cachorros, y Medias Rojas de Boston). En el año 2004 el equipo de las calcetas rojas terminó con “la maldición del bambino”: Boston había quedado maldito cuando su dueño vendió a Babe Ruth (el mejor beisbolista de todos los tiempos) a su odiado rival: los Yankees, para pagar una obra de teatro (Quééééé), que según recuerdo, fracasó.

Al año siguiente los Medias Blancas continuaron con el rompimiento de los hechizos. Su maldición databa del año 1919, cuando en la Serie Mundial varios de sus jugadores (8) se vendieron a los apostadores y se dejaron perder: la maldición de los Medias negras.

Pero el año siguiente (2006) no vio a los Cachorros coronarse y cortar de esa manera “la maldición de la cabra”. El equipo de Chicago fue maldito en el año 1945 por un aficionado que deseaba entrar a un juego acompañado de su animal, pero no le fue permitido. Chicago no es campeón desde 1908 (van para 110 años).

Continuará…