lunes, 28 de abril de 2014

Diego y Gael


Este fin de semana se estrenará en México la película “César Chávez”, de Diego Luna. La película viene precedida de muy buenas notas en su estreno y proyección en Estados Unidos. Es el tercer largometraje de Diego, el segundo de ficción. Curiosamente, su primer película también fue sobre un César Chávez: un documental sobre Julio César Chávez, el mejor boxeador mexicano.

La verdad es que yo desconocía quién era César Chávez, o qué había hecho. No tenía ni idea de la revolución que armó. Supongo que muchos estarían igual que yo, pero no lo sé a ciencia cierta, ya me dirán.

Ya Diego nos había asombrado con su “Abel”, su primer largometraje de ficción. Una historia sencilla y entrañable. Sobre una familia como hay bastantes, aquí y en todo el mundo.

Siento una gran simpatía por Diego y Gael. Los charolastras. Son dos personas que me caen bien y a las que admiro. Supongo que tendrá que ver, que son de mi edad, pero además de admirarlos por su trabajo, valoro mucho que no se han olvidado de su patria, aunque los dos ya están en las ligas mayores y han trabajado con algunos de los mejores directores de la actualidad.

Fundaron una productora, ahora también distribuidora: CANANA, que ha producido o traído al país muy buenas historias nacionales y extranjeras. Gracias a CANANA, pudimos ver “El violín” por ejemplo.

Fundaron el festival de documentales Ambulante. Que tiene un circuito bastante amplio de exhibición de las mejores producciones mundiales. El único modo que se tiene a veces, de poder ver ciertas películas increíbles.

Diego también viene a producir y actuar en teatro. Gael también ha dirigido filmes.

Aunque debo decir, que Diego como actor, siempre me parecía el mismo. Hasta “Rudo y Cursi”, donde si me convence su interpretación de un costeño pueblerino.

Me da mucho gusto que ambos tengan éxito, pero más gusto, todas las cosas que hacen por su país.


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jueves, 24 de abril de 2014

de Identidades...


Hace un año aproximadamente, en una dichosa comida familiar, me increpaban algunos primos, recriminándome, que tal vez ahora yo era “un rebelde”, o un “ateo”, o alguien que lleva siempre la contraria; pero que cuando era niño, siempre fui un “niño de mamá”, bien portado y aburrido, remilgoso y relamido. La verdad es que no sé de dónde salió la querella, la recriminación, pero llegó.

El caso es que, como le comentaba a algunos amigos, acerca de mi escrito anterior, yo siempre fui un niño bien portado: con las mejores calificaciones, nada travieso, quietecito; un niño que hacía lo que se esperaba de él (bueno, lo que se esperaba, si no querías tener problemas). Además, con unos padres que no permitirían que sus hijos se salieran del redil.

La respuesta a mis primos fue: Bueno, y que esperaban que fuera, con los padres que tuve: un padre gruñón malhumorado, que no preguntaba razones, se limitaba a tomar su chancla o cinturón y darnos en las nalgas. Y una madre sobreprotectora y castrante. Pero además, ese era yo. Mi segunda respuesta fue: Pues qué quieren así era yo antes. Siempre fui un niño tranquilo. Dice mi madre que en vez de llorar cuando tenía hambre, me limitaba a lamer mi dedo. Imagínense nada mas. 

Toda esta historia viene a cuento, porque quería yo marcar un contexto. La gran sorpresa o decepción que se habrán llevado mis padres, al ver en qué me había yo convertido, después de haber sido el modosito niño que fui. Supongo que habrá tenido algún indicio mi madre, cuando la orientadora de la secundaria, le dijo que yo era un mustio: que tal vez era bien portado en la casa, pero que ahí no era así. Además le daba coraje a la orientadora, que a pesar de ser ya muy desmadroso, tenía muy buenas notas: se limitaba a decir: podrías tener mejores calificaciones. Válgame dios.

Sólo quería puntualizar esto. No fui, como algunos amablemente me han comentado, un rebelde, o alguien diferente. No lo fui. Sólo he sido yo mismo, aunque el cliché sea grande. 
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martes, 22 de abril de 2014

de homenajes


La semana pasada murió Gabriel García Márquez, a principios de año lo hizo José Emilio Pacheco. Dos grandes escritores latinoamericanos, que gozaron del reconocimiento público y de los conocedores. Que nos han brindado, en mayor o menor proporción, buenos momentos, a quienes nos gusta leer.

En estos “tiempos facebookeros” (y de todas las demás redes sociales), son muchos los que lamentan su partida, los que hablan de la pérdida que sufrió la literatura y el mundo. Que exhiben públicamente cuanto lamentan la partida de estos grandes escritores. Aunque también he visto lindos homenajes, sinceros y sentidos.

Ambos, ya de “edad avanzada” (me gustó este eufemismo para ponerlo aquí, jajaja), habían creado sus mejores obras, y, afortunadamente, habían también sido reconocidos por ello.

El mejor homenaje que les podemos hacer, como ya muchos han dicho, es leer sus obras, o si es el caso, releerlas. Es ahí donde nunca morirán, es ahí donde vencieron a la muerte. Donde la han traspasado. 

No puedo lamentar que hayan muerto, o sentirme triste porque haya ocurrido su muerte. Porque no los conocí. No eran mis familiares, ni mis amigos, ni siquiera mis conocidos. Sí he leído y disfrutado algunas de sus obras, pero eso es todo. Sólo espero que no hayan sufrido demasiado, quienes nos regalaron tantos buenos momentos.

No lamento su muerte, agradezco su vida.
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jueves, 10 de abril de 2014

Identidades


Cuando estaba a punto de graduarme de la universidad, se realizó un desayuno para los padres de familia. Después de haber asistido, mi madre me comentó, que les hicieron la pregunta abierta: ¿Cuántas cosas cambiaron en sus hijos, en estos años universitarios? Mi madre, algo molesta, me dijo que tenía ganas de reprocharle al director: que su hijo, antes de entrar a estudiar, no tenía el cabello largo, ni era un ateoblasfemo, un fodongo irredento o un malhablado de primera.

Supongo que entre otras cosas, no lo hizo por no quedar avergonzada ante los demás padres: como la madre de semejante espécimen. Qué vergüenza.

Pero bueno, la cosa es que eso soy. Y ya ven que siempre nos dicen que seamos quienes somos.

El chiste es, que en cierto momento de nuestra vida, descubrimos nuestra Identidad. Encontramos las cosas con las que nos identificamos como individuos; independientemente de si esta visión del mundo se asemeja a lo que durante toda nuestra niñez y adolescencia nos impusieron nuestros padres. Dice aquella canción, que nos heredan complejos, iglesia y hasta equipo de futbol, y es cierto. Así que algunos nos tenemos que poner encima el disfraz de oveja negra, al transformar nuestro pensamiento de forma tan diametralmente opuesta. Obviamente, los equivocados somos nosotros.

Aunque debo decir que fuimos afortunados mis hermanos y yo, ya que nos dieron la libertad suficiente para elegir nuestra forma de ser y de pensar. Conozco varios casos, donde los padres deciden cada paso que sus hijos darán, qué estudiarán, si deben cortar su cabello, la ropa que deben usar, la fe que tienen que tener, incluso, con quien se deben casar. Padres que desean vivir dos vidas.
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lunes, 7 de abril de 2014

Recuerdos de un excatólico III


Dice Bill Maher en el grandioso documental Religulous (religion + ridiculous), dirigido por Larry Charles (el director de Borat y de Curb your enthusiasm) que si no nos hubieran marcado la diferencia entre las historias de la biblia y los cuentos de hadas, no podríamos encontrar ninguna diferencia entre unos y otras. A lo que una molesta católica le reprocha: ¿está usted diciendo que la biblia es un cuento de hadas?

Y si no es un cuento de hadas, ¿qué es entonces? Una de esas historias increíbles - increíble, no por lo fantástica, sino por lo “no creíble”-, es la del arca de Noé. Y no me parece no creíble por lo sucedido en la historia: un diluvio destruye toda vida en la tierra, salvo la que se resguardó en el arca. Sino lo que pasa después: la familia de Noé pobló todo el mundo????? ¿Y como le hicieron? Quisiera yo saber. ¿Se reprodujeron como conejos? ¿Y cómo hicieron para parir personas con piel negra, o con ojos rasgados? Entre otras ingenuas preguntas.

Porque además, aceptar que a unos individuos se les hayan rasgado los ojos, por un factor evolutivo, sería aceptar la evolución, esa misma que dice que descendemos de los monos: ¡qué barbaridad!

Le decía una vez a mi madre, que al parecer espera que cambie de opinión en relación a la religión católica; que las historias que se le dicen a la gente van dentro de un ganar-ganar, me explico: Si una persona está enferma, muy grave, para la iglesia es ganar-ganar. Si la persona muere, fue porque dios así lo quiso; es suertuda además, ya que ahora está con Él, en el paraíso. Si por el contrario la persona se cura, también fue porque dios lo decidió, decidió salvarlo, Él, no los médicos o las medicinas. No hay pierde.

Una de las frases que más me molestan, es que ante cualquier situación, la gente coloque después de cualquier plan o deseo: “si dios quiere”. Alguna vez, respondí: ojalá quiera, si no, ya nos chingamos. Y decir eso es de lo más ilógico, si hablan de un padre tan amoroso, porque no querría que fuéramos felices.


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