viernes, 7 de marzo de 2014

kjimi kuarma


El mazahua no es mi lengua materna, pero quizá sí lo fue de mi abuelo materno: Pablo Reyes Chávez (el de la camisa blanca y la corbata). Y digo quizá, porque la verdad es que no sé si lo habrá aprendido de niño, o si sólo aprendió algunas palabras; si acaso entendía a su madre cuando le hablaba en “jñatjo”. Porque muchos padres optaron por no enseñar su lengua a sus hijos, intentando protegerlos de una discriminación racista lingüísticamente (qué ilusos, en este país se discrimina por demasiadas cosas). Incluso conozco el caso de un profesor de Mazahua, que aun siendo maestro, no transmitió su lengua a sus hijos. Tampoco me atreví a preguntarle el por qué. Aunque creo que es la misma explicación.

En México existen más de 60 idiomas indígenas, con más de 120 variantes dialectales (por ejemplo, en mazahua el número 1 puede ser: da, daja o naja). De las cuales hay bastantes casi extintas. Ahora que fue el día internacional de la lengua materna, vi un reportaje sobre una lengua de la que sólo existen dos hablantes, ambos con más de 70 años; una lengua con sus días contados. Aquí en el Estado de México, el Matlatzinca tiene menos de 1000 hablantes, pero además no hay maestros que lo enseñen. Sólo quedará en el recuerdo el “Paseo de los Matlatzincas”, si no le cambian el nombre antes.

Aprendí un poco de Mazahua, cuando trabajé en la Universidad Intercultural. Me comentaron un día algunos estudiantes, que yo había aprendido más mazahua en 3 meses, que ellos en 3 años. La razón es sencilla: yo quería aprender, a ellos les fue impuesto; se les obligó a hacerlo. Y siendo sincero, no creo que más de 5 estudiantes hayan aprendido.

Y la verdad es que el caso de mi abuelo es un caso demasiado común. Triste, pero demasiado común. Cuántos estudiantes no conocí en las mismas circunstancias: -mi abuelo, habla, pero mi papá sólo lo entiende, yo sólo sé algunas palabras.

Pero de qué le sirve a alguien saber, hablar, conocer, un idioma indígena, si en este país, cuando alguien te quiere ofender te llama “indio”.