lunes, 17 de febrero de 2014

La resaca del 14


Pasó el 14 de febrero, un día de san Valentín más concurrido, al haberse dado en viernes: más tráfico, más gente, más todo. Ibamos a ir al cine, pero no había nada que valiera la pena, bueno, lo que vale la pena ver ya lo habíamos visto, y la película de Goerge Clooney (Operación Monumento) no nos llamó demasiado la atención al estar doblada al español. Habrá que ver si en Cinépolis está subtitulada. Así que mejor venimos a la casa, y vimos Las confesiones del Sr. Schmidt (about Schmidt) de Alexander Payne, por cierto, uno de los mejores cineastas contemporáneos.

Y junto a la vorágine de imágenes, frases, pensamientos, corazones, corazones y más corazones, también encuentras a esos outsiders de papel, sedientos por llamar la atención, que proclaman: que no es otro día, más que un viernes cualquiera, o que el amor se debe demostrar todos los días y la amistad es para todo el año, y no sé cuántas cosas más. Y sí, todos sabemos lo que mercantilmente representa el 14 de febrero, o la Navidad.

Entonces, para qué celebrar un día de la madre o un día del padre, si todos los días debemos amarlos y honrarlos. O por qué motivo celebraría mi cumpleaños, si la gente que me quiere debe quererme siempre y demostrármelo siempre, no sólo un día del año. Qué sentido tiene entonces organizar una celebración. Ninguna.

Celebramos para estar juntos. Con la familia, con los amigos, con la pareja. Honramos esas fechas del calendario para tener un motivo para reunirnos, para compartir. Para poder estar juntos un día más, con un motivo específico. Y en este caso me parece que el fin justifica los medios: Que no habría otra forma de que estuviéramos los que estuvimos presentes el 10 de mayo pasado en casa de mi abuelita, compartiendo lo que compartimos. O que mi abuelita celebrara haber cumplido 90 años junto a tantas personas que la quieren, y a las que sólo en ocasiones como esa puedes ver y estar.

Me parece que todas estas celebraciones inventadas son un delicioso aderezo en el calendario.